lunes, 13 de abril de 2015

DEPRESIÓN

Cuando hacemos referencia al término depresión podernos estar hablando del inicio de un viaje por las desoladas y dolorosas tierras del alma humana, donde la luz y la vida nueva pueden surgir.




Siguiendo datos de la OMS, afecta, al menos, al 20% de mujeres y al 12% de hombres alguna vez a lo largo de sus vida.

Tradicionalmente, la depresión es categorizada etimológicamente en términos de: somatogénesis (patología orgánica, mental o de otro modo conocido), psicogénesis (como consecuencia de sucesos traumáticos o conflictos neuróticos) o endogénesis (como desarreglo bioquímico).

Desde un punto de vista más pragmático, la depresión la podemos clasificar en función de las distintas experiencias depresivas por las que atravesamos:

  • Duelo (asimilación de la pérdida)
  • Experiencia depresiva (por influencias externas)
  • Experiencia melancólica
  • Experiencia depresiva asociada a la personalidad
  • Experiencia depresiva derivada de causas orgánicas

La experiencia depresiva de cada persona es única, siendo una parte inseparable de la historia singular de la vida de una persona. Es un fenómenos de naturaleza interpersonal, ya que, de alguna manera, aparece en las relaciones y allí se mantiene.

Puede servir de ayuda como forma de sobrevivir a una situación difícil (experiencia depresiva), puede ser una señal de transición en la vida (experiencia melancólica) o puede ser una oportunidad para enfocar la búsqueda de sentido de nuestra existencia, entre otras....

La experiencia depresiva, en ocasiones, es como un hoyo donde nos hemos metido y donde la ayuda terapéutica nos puede servir para salir. Al caso viene la metáfora del hoyo (ACT):



"Imagina que estás en el campo, que llevas un antifaz puesto y tienes una pequeña bolsa con herramientas. Te dicen que tu tarea consiste en correr alrededor del campo con el antifaz puesto. Se supone que es así como debes vivir tu vida. Así que haces lo que te han dicho. Pero, sin que lo sepas, en ese campo hay números hoyos, muy profundos. No lo sabes, eres ingenuo. Así que empiezas a correr y tarde o temprano caes en un hoyo. No hay forma de escalar ni encuentras ninguna vía de escape. Lo más probable es que en una situación como esa cojas la bolsa de herramientas, tal vez encuentres algo que te sirva para salir del hoyo. Supón que la única herramienta en la bolsa sea una pala. Empiezas a cavar pero pronto te das cuenta de que sigues en el hoyo. Cavar más y más rápido. Pero sigues en el hoyo. Lo intentas a grandes paladas y a pequeñas, poniendo la tierra cerca o lejos. Pero sigues en el hoyo. Tanto esfuerzo y tanto trabajo y paradójicamente el hoyo es cada vez más grande. ¿No es eso lo que sientes? Así que preguntas a un psicólogo, tal vez tenga una pala gigante. Pero no. Y es más, aunque la tuviera, tal vez no la usara porque cavar no te sacará del hoyo., eso solo te hundiría aún más"

Para salir de esta experiencia depresiva donde nos hemos metido (el hoyo), en ocasiones se necesitan pequeños movimientos lentos que busquen pequeños puntos de apoyo que son los que realmente van a ayudar a salir.


viernes, 30 de enero de 2015

DEPENDENCIA EMOCIONAL





La dependencia emocional es el miedo a la libertad y se caracteriza por comportamientos sumisos, falta de confianza, dificultad en la toma de decisiones, inhabilidad para expresar de acuerdo y por un temor extremo al abandono, la soledad y la separación. Es la tirana encargada de construir nuestra prisión interior mediante alianzas con el miedo, la pasividad, la negación de la realidad y los sentimientos de culpa. Hace parte del carácter y se nutre de circunstancias desafortunadas en la infancia de cada quien. La dependencia emocional se manifiesta en lo afectivo, sexual, laboral, profesional, social y económico. El noviazgo, la luna de miel, las “parejas sin problemas” o las “familias perfectas”, son idealizaciones que no se sostienen mucho tiempo. La discusión franca puede generar dolor, rabia y dudas, pero es la única forma de llegar al fondo de las diferencias. Callar o conciliar por comodidad es un grave error, pues impide la solución de los problemas. La realidad nos demuestra que las familias más enfermas son las aparentemente impecables, donde nadie levanta la voz, no se discute y no hay diferencias importantes. En estas familias, donde todo aparenta armonía, bondad y dulzura, se cocinan en secreto grandes rencores y profundas frustraciones. Hombres y mujeres basan sus elecciones de pareja en lo socialmente aceptable, pero se llevan grandes chascos cuando descubren la mediocridad detrás de la fachada. Las peores elecciones ocurren cuando están basadas primordialmente en el atractivo físico o el poder económico de las personas. En ambos casos, tarde o temprano, si no hay más que esto, las relaciones terminan convirtiéndose en algo aburrido. A través del miedo a la libertad se perpetúa la dependencia emocional y las personas confirman así su condición de prisioneras. Cuando estas circunstancias generan angustia y/o depresión, es probable que para aliviar tales síntomas se requiera un tratamiento médico, pero es necesario tener en cuenta que la disminución de dichos síntomas es sólo el comienzo de un proceso más profundo. Uno de los primeros pasos en el proceso de la independencia es combatir la fascinación por la comodidad. “Yo quiero ser libre, pero no quiero renunciar a mi comodidad”. Y esto, obviamente es imposible, pues la libertad sólo se conquista a través de la lucha cotidiana. No, no se trata de luchar tampoco… Se trata más bien de aceptar… Un solo ejemplo: los celos (qué verracos si hacen sufrir) se deben a no aceptar que yo no soy dueño de nadie y que sólo el amor puede unirnos… La libertad se conquista a través de la independencia de necesitar a los demás para sentirme bien, del qué dirán, de muchos falsos valores culturales, etc. El miedo no es tanto a lo desconocido como a apartarnos de lo conocido, así estemos mamados de sufrir con eso.

Cierto grado de dependencia emocional es sana y natural para el ser humano, esta nos lleva a crear vínculos afectivos con las personas que nos rodean, primero con nuestros progenitores cuando somos niños, en la adolescencia con los amigos y en la edad adulta con nuestra pareja. El problema surge cuando este tipo de dependencia nos afecta en lo personal y nos impide desarrollarnos en la vida como seres independientes y libres.

Pero, en estas situaciones de dependencia emocional quién es el culpable: ¿Ella por tener una personalidad y baja autoestima? ¿Él por tener una personalidad y una autoestima más fuerte que ella, aunque fuera del hogar no sea así y realmente tiene un problema de baja autoestima?

¿QUE PODEMOS HACER?



La dependencia emocional que sentimos hacia las personas que nos rodean y que queremos no debe impedirnos realizar nuestros sueños, evolucionar como personas y progresar en nuestras vidas. Si en ocasiones te sientes presionado o chantajeado emocionalmente, tendrás que aprender a liberarte de estas presiones, si dependes excesivamente de alguien que te impide avanzar, quizás es que esa persona no te quiere realmente como mereces, eres tú quien debe llevar las riendas de tu vida y hacerle ver a esa persona que la consecución de tus ambiciones es importante para ti, y que no por ello la vas a querer menos.

Si renuncias a tus sueños pensando en la felicidad de los demás, habrás renunciado a ser tu mismo, habrás forjado tales lazos de dependencia emocional que te harán sentir inferior e inseguro. Piensa que para que una relación afectiva funcione tiene que empezar por ser una relación sana, es decir, en la que ambos miembros se acepten tal y como son, con sus virtudes y con sus defectos, sin intentar cambiar lo esencial del otro. Pero para ello y aceptar a tu pareja tal y como es, primero debes aceptarte a ti mismo. Una vez puestas tus prioridades en orden y con las ideas claras, a través de la comprensión y del diálogo, lograréis tener una relación equilibrada. No esperes a que tu pareja descubra lo que piensas, necesitas o como te sientes sin decirle ni palabra, debes confiar en él y aprender a sincerarte, es la mejor manera de evitar futuros conflictos y malentendidos.

En muchas ocasiones resulta difícil delimitar donde acaba el amor y empieza la dependencia, sus límites no se hallan bien definidos, por eso, especialmente si eres una persona insegura debes de tener bien claro que nunca vas a dejarte chantajear emocionalmente. Si aceptas dicho juego fomentarás en ti mismo sentimientos de culpabilidad que contribuirán a minar tu autoestima, además de estar permitiendo que tu relación de pareja se desmorone. No te dejes manipular y convéncete de que la felicidad de tu pareja no depende exclusivamente de ti, debes decirle las cosas que te molestan o no te gustan. Ambos debéis dialogar y reflexionar sobre vuestra relación, comunicar al otro lo que cada cual espera de ésta, y mostrarse abiertos a las necesidades de la pareja para satisfacerla, pero siempre que ambos miembros estén dispuestos, si sólo cedes tú, tu relación con el paso del tiempo y la consiguiente agravación de los conflictos resultará cuanto menos insostenible.


Si te hallas en esta situación, reflexiona a fondo sobre tu vida y el rumbo que deseas que ésta tome en el futuro, no renuncies nunca a ser tu mismo.

domingo, 28 de diciembre de 2014

COMO MI NIÑO INTERNO SABOTEA MI VIDA

A lo largo de nuestra infancia, sobre todo, se producen una serie de traumas resultantes del abandono, de abusos de todo tipo, de la negligencia de atender las necesidades de que depende el  desarrollo infantil y de la confusión creada por un sistema familiar disfuncional.

Existen una serie de necesidades normales de que depende el desarrollo de la infancia. Si estas necesidades no se satisfacen, tendemos a desarrollarnos como adultos con un niño herido interno. Si nuestras necesidades hubiesen sido cubiertas, no nos habríamos convertido en “niños adultos.



Cualquier etapa del desarrollo de nuestro niño maravilloso se puede detener. Como adultos, podemos actuar de forma infantil, podemos regresar al comportamiento de un niño que empieza a andar, seguir creyendo en la magia como un niño de preescolar, poner mala cara y marcharnos como un niño de primaria.

Todos nuestros comportamientos infantiles representan los diferentes niveles en que se ha detenido el desarrollo de la infancia. Por todo ello, el principal propósito es ayudar a nuestro niño interno herido en cada etapa de su desarrollo.




Existen diversas formas en las que nuestro niño contamina nuestras vidas:

  • ·   Codependencia: pérdida de identidad. Haber perdido el contacto con nuestros sentimientos, deseos y necesidades. Es necesario la presencia de seguridad y buenos modelos emocionales en la infancia para poder entender nuestras propias señales internas, para poder separar nuestros pensamientos de nuestros sentimiento, etc. Sin una vida interior sana, uno tiene que intentar buscar la satisfacción en el exterior (codependencia).
  • ·        Ofensas: El comportamiento ofensivo es el resultado de una infancia violenta y del sufrimiento y el dolor por ese maltrato que no hemos superado. El que una vez fuera el niño indefenso y herido se convierte en el adulto agresor.
  • ·   Narcisismo: necesidad como niños de recibir amor incondicional. Saber que importamos, que se nos toma en serio, que se nos acepta y se nos ama por cada una de nuestras facetas. Si esto no ha sido satisfecho adecuadamente nuestro sentido del YO se queda dañado. Aparece entonces el anhelo de amor, de atención y de afecto. En el adulto aparece: la decepción en las relaciones, la búsqueda del amor perfecto, las adicciones (sexo, amor, comida, sustancias….), la búsqueda de bienes materiales para sentirse bien, la búsqueda de reconocimiento a través de profesiones artísticas, el uso de los propios hijos para satisfacer esta necesidad.
  • ·    Confianza: Si nuestros padres no han sido merecedores de confianza, entonces nosotros como niños desarrollaremos una profunda sensación de desconfianza. El mundo aparece entonces como hostil, peligroso e impredecible. Aparece entonces la necesidad de control (adicción).
  • ·         Exteriorización: La energía emocional relacionada con nuestra angustia o trauma se ve congelada. Al no poder solucionarse ni expresarse, trata de resolverse por sí misma, y como no puede hacerlo por medio de las lamentaciones se expresa mediante comportamientos anormales
  • ·     Interiorización: Se refiere a exteriorizar sobre nosotros mismos el abuso del que fuimos objeto en el pasado. Nos castigamos del mismo modo en que fuimos castigados en la infancia. Además la energía que se interioriza puede llegar a causar serios problemas físicos (problemas gastrointestinales, dolores de cabeza, dolores de cuello, dolores de espalda, tensión muscular, artritis, ataques al corazón, cáncer…)
  • ·    Magia: La idea de creer que ciertas palabras, gestos o comportamientos pueden cambiar la realidad. Esto es reforzado por nuestros padres cuando somos niños (si nos dicen que nuestro comportamiento es el responsable directo de los sentimientos de alguien, por ejemplo). Pueden aparecer ideas cuando somos adultos como: Si tengo dinero todo irá bien, Si me abandona mi pareja me moriré, Poseer un título me da más categoría, Si soy bueno no me pasarán cosas malas, Esperar me traerá buenos resultados….
  • ·   Intimidad: Oscilación entre miedo al abandono y miedo a que se anule la personalidad.  Esto se da por la no aceptación por parte de nuestros padres en aceptar nuestros sentimientos, necesidades y deseos cuando somos niños, por lo que se rechaza nuestro verdadero YO. Esto conlleva a establecer un YO falso (como una especie de máscara) y a no saber establecer barreras firmes en cuanto al sexo, a nuestras emociones, sentimientos, nosotros mismos, a nuestra espiritualidad….
  • ·   No disciplina: Si se disciplina al niño se le enseña cómo vivir de forma más provechosa y afectiva. Para ello es preciso recibir ejemplo de nuestros padres. Realmente como niños aprendemos lo que “de verdad” hacen nuestros padres, no lo que “dicen” que hacen. Si nuestros padres fracasan en su modelo de disciplina, nos volvemos indisciplinados, pero cuando nos imponen una disciplina férrea nos volvemos excesivamente disciplinados.
  • ·     Adicción/compulsión: el abandono emocional que podemos haber sufrido cuando hemos sido niños por parte de nuestros padres puede significar la muerte, de modo que para convertir las dos necesidades básicas para nuestra supervivencia (mis padres son buenos y yo importo) me convierto en aquello que preciso llevando a cabo toda una serie de comportamientos desadaptativos. El motivo de todo esto es para paliar la aparición de un sentimientos: La vergüenza (soy menos valioso que el tiempo de mis padres). Necesito sentirme valioso, Necesito sentirme alguien.
  • ·      Distorsiones del pensamiento: Aparición de pensamientos del tipo “todo o nada”, aparición de “razonamiento emocional”, “pensamiento egocéntrico”. Cuando de niños no se satisfacen nuestras necesidades, de adultos estaremos contaminados por la forma de pensar del niño.
  • ·     Apatía/depresión: Nuestro niño herido contamina nuestra vida de adulto con una enorme sensación de vacío. Esto se produce por haber adoptado un falso yo. Por ello se pierden los verdaderos sentimientos, necesidades y deseos.


A partir de todo esto existe una manera de poder trabajar el daño causado. La recuperación de nuestro niño interno implica volver a atravesar tus etapas  de desarrollo y terminar los problemas que no se habían solucionado.

El primer paso y quizás el más importante es ayudar a que nuestro niño herido lamente que no se hayan satisfecho las necesidades de que dependía su desarrollo, es decir, que tome conciencia de ello y que sea capaz de expresar las emociones que necesita expresar. Así mismo tomar contacto con las emociones reprimidas, que probablemente se comunican a través del cuerpo (opresión pecho, molestia estómago, nudo garganta…) también puede ser un pequeño gran paso.

Otro paso importante es la apertura, es decir, abrirme a alguien en quien poder confiar y con quien poder comenzar a hablar de aquello que preciso.

Tras la apertura la aceptación del abuso sufrido durante nuestra infancia será el paso siguiente. Dejar de minimizar, racionalizar las formas en que fuimos avergonzados, ignorados, utilizados por nuestros padres. Aceptar que eso nos hizo daño.

Posteriormente a esto debemos gestionar la aparición del duelo por la toma de contacto con esta realidad. Pueden aparecer la rabia, el dolor, la tristeza, el remordimiento…. Todo esto es normal y bueno que aparezca ya que te hará proseguir en tu camino del crecimiento y la recuperación de tu niño herido.

Puedes atender al alcance de esto, observar tus rutinas diarias e imaginar cómo sería tu vida con este niño de 3 años al timón.

Los niños adultos sienten una necesidad enorme de comprender las cosas porque sus padres eran a su vez niños adultos y, por lo tanto impredecibles. A veces hacían su labor como padres adultos pero otras lo hacían como niños heridos y egoístas. El resultado era la confusión y el imprevisto. Esta imprevisión provoca nuestra continua necesidad de entender las cosas, de buscar porqués.

Vivir con la mente también es una defensa del ego. Si nos obsesionamos con las cosas no tenemos que sentir, y no sentir nada obstruye el depósito de sentimientos congelados que están apelmazados por la vergüenza de nuestro niño herido.

Recuperarse del abandono, de la negligencia o del abuso que hayamos podido sufrir en nuestra infancia en un proceso, no un acontecimiento.


Alejandro Puigdoménech
Director y Psicólogo Psicoapoyo
www.psicoapoyo.es

sábado, 22 de noviembre de 2014

LA NIÑA....MI NIÑA INTERIOR......DIARIO DE UN DESORDEN EMOCIONAL

La siguiente entrada, que os dejo, es un relato que sin duda vale su peso en oro.Tengo la enorme fortuna de poder compartir una vivencia real, de una paciente real. Se trata de una entrada real, como la vida misma, en la cual una persona nos expresa aquello que siente, que anhela, que sufre. Espero saquéis muchas conclusiones, las cuales os invito a compartirlas, y a que se convierta en un foco de conocimiento y, sobre todo, de experiencia personal. La intención es separarnos de cualquier clasificación diagnóstica, de poder "ver" a la persona tal cual es, a lo cual os pido por favor que hagáis el favor de entenderlo como esa parte (niña) que busca que la escuchen.


Os aseguro que es un relato real, tal cual es su vivencia, sin modificaciones. Lo comparto tras recibir permiso, pues es la única manera de permitir la expresión de lo que realmente acontece a esta persona. Gracias!!

"Te hablo para no pegarme, pues sé que te duele lo haga. Ahora siento mucha mucha pena. Y siento mi cuerpo una barbaridad. El día ha resultado pesadísimo...

La psicopedagoga, ha hablado conmigo. Me ha comunicado lo complicada que es mi aula y que, gracias a estar ella dentro y vivencias cómo avasallan, comprende la dificultad. Ella misma no sabía qué pautas concretas darme aunque sí que me ha aconsejado que de aquí a Navidad realice (no siendo ella muy devota a ello) modificación de conducta, de manera que pacte con ellos una o dos normas de clase que se cumplan y que premie a lo largo de la semana, que ellos consideren adecuadas, que salga de ellos, que sea algo consensuado por ellos. Lo veo bonito pero no sé si voy a ser capaz de realizarlo, me siento demasiado torpe para ello. Me ha dicho que no soy yo, que son ellos que cada cual busca una atención individualizada y no quieren nada más. Eso es lo que me ha dicho no lo que siento yo.

Pienso que este es mi segundo curso con ellos y que debiera haber marcado dichas pautas, dichas normas pero ni sé ni he sabido.

Siento mucho pesar, mucha tristeza, mucha amargura. No desearía se apagase esa pequeña luz que has conseguido en mí; tengo miedo, dudo de mí.

Soy consciente que es fin de semana, que no quiero extralimitarme, que me siento sola y eso es real; pero tampoco creo sienta por eso, no sé; porque no echo de menos ninguna compañía, pero siento pena, mucha pena.

Sí, me siento como la niña que fui, vuelvo a notar las mismas cosas que cuando niña, tristeza, apagamiento, desinterés, desconexión, duda, temor, ira, … hacia mí, hacia nadie, hacia mí misma; sin embargo, no reconozco a esa niña, no hay imagen de esa niña. Sólo siente, no hay imagen,  todo es sensación, mucha sensación. Y hay negación, negación a la vida, a cuanto le rodea. no hay deseos de hacerse mayor esa niña, no hay alegría, no existe deseo, anhelo, …, esa niña deja que pase el tiempo sintiendo una gran pena, sufriendo, en casa y en el colegio. Es curioso que la Rosa niña nunca llorara, se ponía roja, se avergonzaba. 

Su papá y su mamá la querían aunque ella no lo sintiera así, porque YO niña ya era mala. Y tampoco quería a su hermana. Y su hermana la quería mucho a ella y YO la rechazaba. YO recuerdo las caricias de papá, mamá no acariciaba. Su papá le daba muchas caricias y a ella le gustaba. A MI me gustaba mucho mucho acostarse con mi papá. Me sentía querida y a gusto.

Ella (se refiere a si misma) no se recuerda alegre, no se recuerda normal. Sentía que algo le ocurría, pero no podía decir nada porque tampoco sabía explicarse. Cuando se hallaba sola, ella cogía el cinturón de papá y le agradaba pegarse, hacerse daño. Sus compañeras hablaban de cosas que no entendía, que no comprendía. Ella se orinaba encima y la afeaban. 

Ella quería escapar. Sí, si algo pensaba ella niña era marcharse a saber dónde, perderse. En casa estaba demasiado incómoda, en el colegio también. ¿Dónde iba ella? ¿Qué hacía ella? Ella solo podía y debía hacer una cosa: aguantar. 

Tengo miedo, no sé si seré capaz de continuar.


Vuelvo a sentir a la niña y no me gusta. Vuelvo a tener las mismas sensaciones que entonces, la misma rabia y me siento muy diferente, como entonces. Sé que debo emplear mi tiempo en algo.

La niña pequeña siente mucha ira, mucha rabia. No tiene necesidad de pegar a nada ni a nadie. Siente necesidad de desaparecer. La niña pequeña abre sus brazos para ser cogida. Esa niña pequeña no puede llorar, no puede gritar, siente miedo, se siente desdichada, no sabe qué es estar alegre como las demás. Esa niña quiere huir, quiere llegar a algún lugar que nadie la conozca y empezar. Esa niña quería pedir ayuda y no sabía a quién ni cómo ni qué necesitaba.

Ahora esa niña tiene ayuda y se ahoga, se ahoga y le falta aire, le falta saber qué sucede, qué hacer en este mismo momento.

Esa niña no sabe reflejar qué le sucede, pero ella va a realizarlo.

La niña no quiere pegar a ninguna parte, es una ira extraña, muy muy dentro de ella que a nadie desea sacar. Es ira de no vivir, de existir, de pasar, es podría decirse una ira existencial".

Os invito a reflexionar al respecto de esta vivencia. Dejándonos sentir por la misma, no de una manera racional, sino de una manera vivencial.

Doy las gracias, infinitas, a ese ser que ha permitido publicar esta vivencia. Un ser que, a pesar de la oscuridad que vive, tiene próxima la luz de su camino.

Gracias a tod@s!!


Alejandro Puigdoménech
Director y Psicólogo Psicoapoyo
www.psicoapoyo.es

domingo, 26 de octubre de 2014

NUESTROS GRITOS PRIMALES

Cada persona, en su interior, sigue llevando a su niño/a el cual le reclama aquello que no le fue dado en su momento. Muchas veces obviamos estos detalles y nos enfrascamos en patologías, algunas de ellas sin sentido, pero que realmente nos lo ofrecen de una manera racional una explicación a lo que nos sucede. Quizás tengamos que aprender a escucharnos más para aprender que nos decimos constantemente.




Lidia, 26 años, acude a consulta por un problema de fagofobia. Entra nerviosa, intranquila. Comienza a explicarme su motivo de consulta (que ya conocía por teléfono) cuando se detiene diciendo que le cuesta seguir, comenzando a llorar y musitando que emocionalmente no está bien.

Fernando, 30 años, acude a consulta preocupado por la muerte. Conforme avanza en su relato deja entrever una sobreprotección paterna/materna.

Alberto, 20 años, acude a consulta presentando estado de ánimo bajo y aparentes dificultades en las relaciones sociales. Acude acompañado de su madre, la cual me deja ver, sin ser consciente, que existe algo más de fondo.

A priori, cuando estas personas acuden a consulta presentan un problema tipificado, establecido, concreto, por la comunidad científica y por las herramientas que pone a nuestra disposición (p.e. DSM IV TR o CIE 10). Pero realmente es así en todos los casos??

Avanzando en las sesiones comienzo a ver que hay algo más en todos estos problemas, que "simplemente" pensamientos-emociones-conductas. Investigando más a fondo comienzan a aparecer, de una forma sutil, pinceladas de una infancia incompleta, donde aparecen las figuras de referencias (papá y mamá), y donde da la sensación de que faltan piezas para completar el puzzle.

Recuerdo a Lorena, la cual vino por estar viviendo lo que científicamente se conoce como amaxofobia. Tras unas sesiones, de repente, un día sin saber muy bien porque, apareció de nuevo su hermano (del cual ya habíamos hablado y que había fallecido hace muchos años atrás de cáncer, siendo Lorena joven). Esta vez emergió de otra manera, reproduciendo en Lorena un dolor profundo. Tras analizar y profundizar en este aspecto, con su permiso, llegamos al fondo de que todavía no había superado su muerte y de que esa jovencita tenía aspectos pendientes que estaban sin cubrir. En ese momento te planteas la relación entre el motivo de consulta y la realidad de fondo, y llegas a la conclusión de que todo está conectado.



Las personas nombradas al principio, venían más o menos creyentes de sus "problemas" exactos, establecidos, concretos. Pero poco a poco se fueron dando cuenta de una realidad, a veces bastante dolorosa, de que lo que escondían era un vacío en su historia personal, una pieza de ese puzzle que faltaba y que daba lugar a diferentes manifestaciones. Ese darse cuenta ya suponía un paso de gigante en su proceso terapéutico.

Salvando las excepciones, que las hay, y los distintos puntos de vista de ver y sentir la psicología, y resumiendo en función de mi experiencia, nuestras experiencias vitales, sobre todo aquellas referidas a nuestras figuras de referencia (las cuales, ya desde nuestro nacimiento, nos proporcionan en primer lugar nuestros "esquemas" emocionales y posteriormente nuestros "esquemas cognitivos") vamos arrastrando, como si de una losa se tratara, aquella carencias referidas a nuestras necesidades principales, las cuales "tapamos" como buenamente podemos con defensas, con pensamientos desadaptativos, con dolores físicos, con formas de sentir y de actuar, etc, que nos permiten vivir nuestro día a día pero que llegado el momento afloran para recordarnos que hay algo pendiente que finalizar.

Este escrito solo pretende plasmar las vivencias personales que encuentro con mis pacientes. En ningún momento pretendo establecer una idea fija de ver y entender los problemas psicológicos, además de que se trata de un resumen al cual le falta mucha, pero que mucha información técnica. Pero a pesar de todo eso, y siguiendo mi intuición (tal y como marca Berne: Psychiatric Quarterly, 36: 294-300, 1962), cada día soy capaz de sentir y de aprender de las experiencias vitales de cada persona que me visita, y de las cuales yo también aprendo y crezco personalmente.

Alejandro Puigdoménech 
Director y Psicólogo de Psicoapoyo
www.psicoapoyo.es


domingo, 28 de septiembre de 2014

CULPA

LA CULPA: LA EMOCIÓN MARGINADA



Resumen:

Existen diferentes modelos de conceptualización de la culpa. Todos ellos tienen en común entender la culpa como una emoción negativa surgida de la trasgresión de normas. En esta entrada se propone presentar una visión alternativa de la culpa, apartándola de su connotación negativa y dándole el peso y la importancia que tiene para la supervivencia de las personas.


Cuando hacemos referencia a la culpa no cabe duda que nos encontramos ante una emoción estigmatizada, cargada de tremenda connotación negativa y de la cual parece que tenemos que huir como si del mismo diablo se tratase.

Ya desde tiempos remotos la culpa ha ido asociada a la realización de actos de arrepentimiento, actos de constricción y a buscar un propósito de enmienda. Por otra parte también ha estado asociada al castigo como forma de restablecimiento de la normalidad.

Centrándonos en los aspectos definitorios de la culpa, podemos decir que aparece ante actos que transgreden las normas morales subjetivas, es decir, aquellos esquemas cognitivos y emocionales que tenemos forjados desde nuestra infancia y que, por lo tanto, están relacionados con nuestras figuras referenciales (padre, madre, abuelos, tíos...)

La culpa es un regulador social y personal que lo que busca es reestablecer el equilibrio en nuestro sistema. De alguna manera es una emoción positiva que busca reparar el daño causado. Se trata de un mecanismo de salud mental que las personas poseemos. De alguna manera me permite identificar que ha habido un acto transgresor, que he cometido un error y que por lo tanto puedo realizar algo para repararlo. 
Es importante diferenciarla de la vergüenza, la cual va relacionada con lo que los demás piensan de mi, estando plenamente relacionada con los mensajes que he recibido en mi infancia por parte de mis figuras de referencia, que me lleva al esquema de "yo soy..." y por consiguiente a esconderme.

Sin embargo, el mensaje que recogemos de nuestro entorno con respecto a la culpa es que es una emoción negativa, mala, de la cual nos tenemos que librar lo antes posible. Parece como si no nos pudiéramos permitir sentirnos culpables ya que eso nos marca, nos hace llevar una especie de etiqueta que nos diferencia de los demás.

Nada más lejos de esto parece encontrarse la realidad. Sentirnos culpables es algo adaptativo de nuestra especie. Es un mecanismo que, hablando de una manera un tanto grotesca, nos permite no convertirnos en auténticos psicópatas, ya que nos da pie al arrepentimiento y por lo tanto al intento por reestablecer la normalidad previa.

Resulta importante ver cuales son los valores a los que asociamos la culpa, de manera que podamos trabajar aquellas emociones bloqueantes para la persona. Para ello es importante poder definir cual ha sido el acto transgresor, de manera que me permita obtener el punto exacto donde se genera la culpa. Así mismo me puede permitir ver cual ha sido la norma transgredida, relacionada con la norma introyectada de nuestra infancia y poder llegar a decidir de una manera objetiva si estamos de acuerdo con ella o no.

A partir de todo esto podemos buscar las figuras morales de referencia relacionadas con la culpa y ver aquellos mensajes que transmitían. A pesar de que la culpa pueda aparecer a partir de observadores externos o a través de aquellos perjudicados, que realmente solo funcionan como catalizadores, el origen de la misma se encuentra en aquella persona/as que han resultado ser mis dadores de normas, ante los que experimento cierta ambivalencia.

A nivel simbólico, podemos destacar 2 paradigmas asociados a la culpa:

CULPA JURÍDICA
CULPA RELIGIOSA
No exige conocer la norma
Exige conocer la norma
No es importante que exista arrepentimiento
Es necesario el arrepentimiento
Se impone un castigo para restablecer
Existe un acto de constricción (perdón)

Existe un propósito de enmienda

No se impone un castigo

En función de donde se sitúe la persona en torno a la culpa que siente la intervención tomará un camino u otro.

Cómo finalización, lanzar la idea de que las personas tenemos derecho a sentirnos culpables ante acontecimientos que probablemente desbordan nuestras capacidades de afrontamiento. Que el sentir esa culpa es algo que puede perdurar en el tiempo y que debemos permitirlo, ya que forma parte del proceso de reestructuración de la persona (siempre con sus excepciones que no vamos a abordar en esta entrada). Es importante des estigmatizar esta emoción y proporcionarle la normalidad que requiere asociada a la función que realiza.


Referencias bibliográficas:

Pérez Sales P. (2006) Trauma, culpa y duelo. Hacia una psicoterapia integradora

Pérez Sales P. (2003) Emociones positivas, trauma y resistencia. Ansiedad y estrés. 9(2-3), 231-254

Alejandro Puigdoménech
Director y Psicólogo de Psicoapoyo
CV09368
www.psicoapoyo.es

martes, 18 de marzo de 2014

LOS SEIS CIEGOS Y EL ELEFANTE

Este cuento popular de la India nos ayuda a reflexionar sobre la verdadera naturaleza de las cosas. ¿Podemos estar seguros de que todo es como nos parece en una primera impresión? ¿Pueden estar seis sabios equivocados al mismo tiempo sobre la forma real de un elefante? Acompañemos a los seis sabios ciegos en su viaje a la selva.


La historia de los seis ciegos y el elefante

Hace más de mil años, en el Valle del Río Brahmanputra, vivían seis hombre ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver quién era de todos el más sabio. 

Para demostrar su sabiduría, los sabios explicaban las historias más fantásticas que se les ocurrían y luego decidían de entre ellos quién era el más imaginativo.

Así pues, cada tarde se reunían alrededor de una mesa y mientras el sol se ponía discretamente tras las montañas, y el olor de los espléndidos manjares que les iban a ser servidos empezaba a colarse por debajo de la puerta de la cocina, el primero de los sabios adoptaba una actitud severa y empezaba a relatar la historia que según él, había vivido aquel día. Mientras, los demás le escuchaban entre incrédulos y fascinados, intentando imaginar las escenas que éste les describía con gran detalle. 

La historia trataba del modo en que, viéndose libre de ocupaciones aquella mañana, el sabio había decidido salir a dar una paseo por el bosque cercano a la casa, y deleitarse con el cantar de las aves que alegres, silbaban sus delicadas melodías. El sabio contó que, de pronto, en medio de una gran sorpresa, se le había aparecido el Dios Krishna, que sumándose al cantar de los pájaros, tocaba con maestría una bellísima melodía con su flauta. Krishna al recibir los elogios del sabio, había decidido premiarle con la sabiduría que, según él, le situaba por encima de los demás hombres. 

Cuando el primero de los sabios acabó su historia, se puso en pie el segundo de los sabios, y poniéndose la mano al pecho, anunció que hablaría del día en que había presenciado él mismo la famosa Ave de Bulbul, con el plumaje rojo que cubre su pecho. Según él, esto ocurrió cuando se hallaba oculto tras un árbol espiando a un tigre que huía despavorido ante un puerco espín malhumorado. La escena era tan cómica que el pecho del pájaro, al contemplarla, estalló de tanto reír, y la sangre había teñido las plumas de su pecho de color carmín.

Para poder estar a la altura de las anteriores historias, el tercer sabio tosía y chasqueaba la lengua como si fuera un lagarto tomando el sol, pegado a la cálida pared de barro de una cabaña. Después de inspirarse de esta forma, el sabio pudo hablar horas y horas de los tiempos de buen rey Vikra Maditya, que había salvado a su hijo de un brahman y tomado como esposa a una bonita pero humilde campesina. 

Al acabar, fue el turno del cuarto sabio, después del quinto y finalmente el sexto sabio se sumergió en su relato. De este modo los seis hombres ciegos pasaban las horas más entretenidas y a la vez demostraban su ingenio e inteligencia a los demás. 

Sin embargo, llegó el día en que el ambiente de calma se turbó y se volvió enfrentamiento entre los hombres, que no alcanzaban un acuerdo sobre la forma exacta de un elefante. Las posturas eran opuestas y como ninguno de ellos había podido tocarlo nunca, decidieron salir al día siguiente a la busca de un ejemplar, y de este modo poder salir de dudas. 

Tan pronto como los primeros pájaros insinuaron su canto, con el sol aún a medio levantarse, los seis ciegos tomaron al joven Dookiram como guía, y puestos en fila con las manos a los hombros de quien les precedía, emprendieron la marcha enfilando la senda que se adentraba en la selva más profunda. No habían andado mucho cuando de pronto, al adentrarse en un claro luminoso, vieron a un gran elefante tumbado sobre su costado apaciblemente. Mientras se acercaban el elefante se incorporó, pero enseguida perdió interés y se preparó para degustar su desayuno de frutas que ya había preparado.

Los seis sabios ciegos estaban llenos de alegría, y se felicitaban unos a otros por su suerte. Finalmente podrían resolver el dilema y decidir cuál era la verdadera forma del animal. 

El primero de todos, el más decidido, se abalanzó sobre el elefante preso de una gran ilusión por tocarlo. Sin embargo, las prisas hicieron que su pie tropezara con una rama en el suelo y chocara de frente con el costado del animal. 

-¡Oh, hermanos míos! -exclamó- yo os digo que el elefante es exactamente como una pared de barro secada al sol.

Llegó el turno del segundo de los ciegos, que avanzó con más precaución, con las manos extendidas ante él, para no asustarlo. En esta posición en seguida tocó dos objetos muy largos y puntiagudos, que se curvaban por encima de su cabeza. Eran los colmillos del elefante. 

-¡Oh, hermanos míos! ¡Yo os digo que la forma de este animal es exactamente como la de una lanza...sin duda, ésta es!

El resto de los sabios no podían evitar burlarse en voz baja, ya que ninguno se acababa de creer lo que los otros decían. El tercer ciego empezó a acercarse al elefante por delante, para tocarlo cuidadosamente. El animal ya algo curioso, se giró hacía él y le envolvió la cintura con su trompa. El ciego agarró la trompa del animal y la resiguió de arriba a abajo notando su forma alargada y estrecha, y cómo se movía a voluntad. 

-Escuchad queridos hermanos, este elefante es más bien como...como una larga serpiente.

Los demás sabios disentían en silencio, ya que en nada se parecía a la forma que ellos habían podido tocar. Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y recibió un suave golpe con la cola del animal, que se movía para asustar a los insectos que le molestaban. El sabio prendió la cola y la resiguió de arriba abajo con las manos, notando cada una de las arrugas y los pelos que la cubrían. El sabio no tuvo dudas y exclamó:

-¡Ya lo tengo! - dijo el sabio lleno de alegría- Yo os diré cual es la verdadera forma del elefante. Sin duda es igual a una vieja cuerda.

El quinto de los sabios tomó el relevo y se acercó al elefante pendiente de oír cualquiera de sus movimientos. Al alzar su mano para buscarlo, sus dedos resiguieron la oreja del animal y dándose la vuelta, el quinto sabio gritó a los demás:

-Ninguno de vosotros ha acertado en su forma. El elefante es más bien como un gran abanico plano - y cedió su turno al último de los sabios para que lo comprobara por sí mismo. 

El sexto sabio era el más viejo de todos, y cuando se encaminó hacia el animal, lo hizo con lentitud, apoyando el peso de su cuerpo sobre un viejo bastón de madera. De tan doblado que estaba por la edad, el sexto ciego pasó por debajo de la barriga del elefante y al buscarlo, agarró con fuerza su gruesa pata. 

-¡Hermanos! Lo estoy tocando ahora mismo y os aseguro que el elefante tiene la misma forma que el tronco de una gran palmera. 

Ahora todos habían experimentado por ellos mismos cuál era la forma verdadera del elefante, y creían que los demás estaban equivocados. Satisfecha así su curiosidad, volvieron a darse las manos y tomaron otra vez la senda que les conducía a su casa. 

Otra vez sentados bajo la palmera que les ofrecía sombra y les refrescaba con sus frutos, retomaron la discusión sobre la verdadera forma del elefante, seguros de que lo que habían experimentado por ellos mismos era la verdadera forma del elefante. 

Seguramente todos los sabios tenían parte de razón, ya que de algún modo todas las formas que habían experimentado eran ciertas, pero sin duda todos a su vez estaban equivocados respecto a la imagen real del elefante.

sábado, 8 de febrero de 2014

MIEDO A LA DESCONEXION

El acrónimo FOMO proviene del inglés Fear of Missing Out, miedo a perderse algo. Es un nuevo síndrome que sufren los adictos a las tecnologías y a internet. Es el temor a estar desconectados durante demasiado tiempo y a no enterarse qué hacen los demás

Datos
  • 56% Tiene miedo a perderse algo en internet (evento, noticia) si no tiene posibilidad de conectarse
    27% Consulta sus redes sociales como primer gesto en la mañana
    26% Dispuesto renunciar al tabaco o a su serie preferida para seguir consultando las redes sociales
    150 Es el número de veces que miramos el móvil a lo largo del día, es decir, cada seis minutos



Se ha ido de vacaciones. Una semanita en la nieve. En lo alto de la montaña. En un lugar apartado. Muy apartado. Demasiado. Sin cobertura. Su móvil no puede conectarse a internet. Mal asunto. Porque usted, por costumbre, consulta mensajes y redes sociales en cuanto se levanta por la mañana. Además, los correos electrónicos se están acumulando en su cuenta y no sabe qué está pasando no sólo en el mundo, sino en su círculo de amistades más cercano. ¡Ay! Tal vez alguien está organizando un evento al que le hubiera gustado ir. Sus contactos no saben nada de usted. Peor aún: usted no sabe nada de ellos. Y entonces empieza a pensar en todo lo que se está perdiendo. Noticias importantes. Simples chismorreos. Citas decisivas. Un cambio de estatus en el Facebook de alguien. Ante el silencio, se pasa mal. Así que baja corriendo al pueblo para conectarse. Pero es incluso peor: se da cuenta de que sus amigos durante este tiempo se lo han montado bien sin usted, de que hubo un debate en el que estuvo ausente, que no se le ha tenido en cuenta. Y su autoestima baja por los suelos.
 
Si el cuadro que se acaba de describir le resulta familiar, entonces es probable que usted tenga FOMO. En inglés, significa Fear of Missing Out. Miedo a perdernos algo (en la red). Este acrónimo ha sido creado por Andrew Przybylski, investigador del Oxford Internet Institute. Victoria Trabazo, psicóloga clínica y forense especializada sobre el tema (Gabinetepsicología.com), recuerda que “no es una terminología científica. No aparece en ningún manual médico. No se enseña en la universidad. No es propiamente un trastorno o algo tipificado como tal. Pero es una terminología que se ha puesto de moda”.  
 
¿Moda? A primera vista, no parece algo nuevo. Desde tiempos inmemorables uno siempre se ha preguntado qué estarán haciendo los vecinos, cuáles son los últimos cotilleos en el trabajo o dónde habrá pasado las vacaciones una determinada persona. Motivados por envidia, celos, curiosidad o simple ganas de participar. “Esto de estar pendiente de lo que hace el otro siempre ha estado presente. Sobre todo en las clases sociales medio altas, donde la apariencia cuenta más. Cuando uno tiene sus necesidades básicas satisfechas, entonces quiere enterarse de qué hacen los demás”, precisa Trabazo.
 
Pero los expertos aseguran que el fenómeno del FOMO tiene una base diferente. “Puedes sentir la envidia y la frustración de siempre, lo que ocurre es que ahora todo se viraliza más. Por ejemplo, Instagram con las fotos puede causar un auténtico malestar porque no sólo te enteras, sino que ves lo que está haciendo el otro, cuando antes sólo tenías el teléfono fijo de casa”, explica Felipe Romero, psicólogo del consumo y consejero delegado de la consultoría de investigación de mercados The Cocktail Análisis.
 
En efecto, ahora la tecnología hace que llevemos, por así decirlo, nuestro mundo digital a cuestas. Queremos estar en todo porque podemos estar en todo. Y queremos consultarlo todo ya. Cuando esto es imposible, aparece el temido FOMO. Al principio uno se preocupa porque piensa que la gente podría estar pasándoselo mejor y viviendo experiencias más gratificantes que las suyas. De ahí el constante deseo de estar conectados para saber qué es lo que los demás están haciendo. El resultado es que, entre tantas comparaciones, la vida de uno parece mucho menos interesante… que la de sus contactos.
 
“Me paso la mayor parte de los fines de semana viajando y me pierdo la mayoría de las fiestas de la gente con la que suelo quedar. Cuando consigo acudir a un encuentro, ni siquiera me lo paso bien, porque estoy todo el tiempo mirando en el móvil pendiente si en este mismo instante está pasando algo, pensando que podría pasármelo mejor en otro sitio”, escribía un usuario en un foro de internet sobre el tema. A su vez, Jenna Wortham, columnista digital de The New York Times relataba así su FOMO: “Estaba tranquila una noche en casa cuando empecé a recibir notificaciones en mi móvil de todo lo que hacían los demás. De repente, mis simples placeres domésticos palidecieron en comparación con las cosas que podría estar haciendo”. Como señalaba Dan Ariely, prestigioso académico en la Duke University, “cuando comenzamos a consultar las páginas Facebook de nuestros amigos, enseguida empezamos a dudar y a preocuparnos de que estamos tomando decisiones erróneas sobre cómo disfrutar nuestro tiempo libre”.
 
La verdadera diferencia con el pasado es que ahora ya no hace falta preguntar quién irá a un determinado concierto. Con un poco de suerte, se verán las imágenes en internet incluso antes de que los músicos terminen de tocar. Antes, uno se enteraba de todo ello en un reencuentro entre viejos amigos. Pero ahora la vida de los otros está al alcance de un par de clics. Como señala Andrew Przybylski, “las redes sociales han disminuido el coste de acceso de la información. Antes, para saber cómo iban las cosas alguien tenía que llamarte o tenías que encender la tele. Ahora, en cambio, las cosas se entremeten en tu vida”. Así que es difícil aislarse y vivir al margen.
 
Otro problema es que no se sabe cuándo esta información será visible en la red. Porque un tuit o un comentario en Facebook pueden llegar en cualquier momento. Por eso, para enterarse habría que estar on line sin pausas. “Siempre hemos tenido miedo a perdernos algo, pero esta tecnología nos hace creer que en la actualidad podemos hacer algo para evitarlo y recuperar terreno, ponernos al día sobre lo que está pasando en tiempo real sin quedarnos fuera”, dice la especialista en tecnología de The Huffington Post, Bianca Bosker. Pero esta ilusión es peligrosa. Estar al tanto no hará que uno se sienta mejor. Porque los que padecen el síndrome FOMO, incluso cuando están conectados, están tan obsesionados con ver la vida de los demás que no son capaces de disfrutar de la suya. Pierden tanto tiempo mirando lo que pasa que no les queda tiempo para salir y actuar y reaccionar. Llega el bloqueo. Es como aquel que no sabe qué película ir a ver y al final se queda sin entrada. Es la parálisis.
 
Y esto es lo peor, porque en la red no sólo basta con mirar. Hay que participar. Dar señales de vida. El riesgo es la exclusión. “Con Twitter aspiras a tener protagonismo con gente que en el fondo no conoces. Sólo te sientes aceptado si formas parte del grupo. En el caso contrario, te dejan fuera y te sientes excluido”, dice Trabazo. “Para los adolescentes, lo peor es estar fuera del grupo. Es decir: no me han invitado. Para los adultos, en cambio, el miedo consiste en perderse una conversación o en el no haber sido consultado”, explica Romero. “Hay plataformas en internet que sirven también para conseguir cierto reconocimiento o difundir ideas. La red social puede llegar a ser también una forma de participación del discurso público”, señala.
 
¿Es un fenómeno extendido? “Nadie quiere admitir que lo pasa mal debido al FOMO. Pero en la sociedad actual es prácticamente imposible no padecerlo a no ser que uno sea ciego”, dice Priya Parker, fundadora de la organización Thrive Labs, que estudia los llamados nativos digitales. Ya se ha creado un grupo de afectados en Twitter con cerca de 2.400 seguidores. Según una reciente encuesta llevada a cabo por la consultora digital MyLife.com, el 56% de los internautas tiene miedo de no enterarse de eventos, noticias o cualquier novedad si está desconectado de internet durante un tiempo. El móvil tiene mucho que ver con esta adicción.
 
De acuerdo con un estudio de la consultora Kleiner Perkins Caufield & Byer’s, el usuario medio mira su smartphone cerca de 150 veces al día, es decir, una vez cada seis minutos. Y la compañía tecnológica Mozy estima que un tercio de los usuarios de internet controla el correo electrónico antes de las siete y media de la mañana. Estamos enganchados: según las mismas fuentes, el 24% declara compartir “todo o casi todo” en la red.
 
Los más jóvenes son los más proclives a caer. De acuerdo con una encuesta de la agencia de publicidad JWT, casi el 70% de los ingleses y estadounidenses de entre 18 y 34 años reconoce que “puede estar sufriendo el FOMO”. Marc Smith, sociólogo de la firma Connected Action Consulting, afirma que “los jóvenes están más expuestos porque, a diferencia de los adultos, cultivan muchos deseos pero tienen menos recursos económicos para vivir aquellas experiencias que contribuyen a formar su identidad y así, en comparación, salen perdiendo”. “Nuestros datos indican que sufren el FOMO los que han usado instrumentos tecnológicos desde edades tempranas. Para ellos la web es parte de su vida real. Vivimos una etapa de transparencia radical en la que se están desplazando las percepciones de ‘privado’ y de ‘actual’ hacia el ‘abierto” y el ‘ahora’”, reza el estudio de JWT.
 
Además, este síndrome se retroalimenta. Porque los excluidos que consiguen superar el bloqueo suelen pasar al contraataque. John Grohol, psicólogo especializado (Psychcentral.com), sostiene que “una de las reacciones más comunes es subir a la red la foto o un comentario de algo divertido que se haya hecho para compensar. Esto hace que la persona se sienta mejor. Pero puede generar, a su vez, FOMO en otra persona que lea el comentario”. “Las redes sociales son, al mismo tiempo, la causa y la cura de este síndrome”, explica Caterina Fake, fundadora de Flickr. Como dice Romero, “son un arma de doble hilo. Porque si al cabo de cuatro veces que escribes algo nadie te contesta, entonces sí que te puedes venir abajo definitivamente”.
 
La socióloga Sherry Turkle, autora del libro Alone together (juntos pero solos), explica que muchos internautas pasan a sufrir el síndrome porque inicialmente experimentan un placer. “A nivel neuronal, nos sentimos dueños del mundo. Drogados de tecnología, creemos haber alcanzado niveles increíbles de productividad y eso nos lleva a un delirio de omnipotencia. Medimos el éxito a través del número de llamadas realizadas, e-mails contestados, contactos. Cada vez podemos pararnos menos a pensar en lo que hacemos, ante la necesidad de contestar instantáneamente”. Según Trabazo, el FOMO “es el reflejo de una cierta inmadurez o inseguridad. Se desarrolla la necesidad de contar cosas superficiales y hay la necesidad de sentirse halagados”.
 
Según Romero, “detrás del fenómeno hay algo de hedonismo y exhibicionismo. Es el resultado de una cierta dinámica del presumir”. En efecto, basta con echar un vistazo en internet. En las redes sociales triunfa la exhibición de los éxitos en la vida de pareja, en los estudios, en la actividad profesional. En el conjunto, mucha presión. “Tengo que ser ocurrente, poner la foto, estar al tanto, ver un programa de televisión determinado, tener seguidores, opiniones y, además, participar y enviar comentarios cada hora. Es como una droga: se cree que se puede controlar fácilmente, pero…”, señala la doctora Trabazo.
 
El FOMO lleva inevitablemente al desengaño. “Ahora incluso nos enteramos en la red de la vida que llevan los ricos y famosos. Internet nos lleva a escalones sociales que hace años eran inaccesibles y luego nos devuelve brutalmente otra vez a la realidad, lo que incrementa la frustración”, constatan en el citado estudio de JWT. Así, nos dejamos dominar por la tecnología, en lugar de dominarla. De alguna manera, este océano de información nos sobrepasa. Nos ahogamos en él. Porque, como dijo Kevin Systrom, director de Instagram, “no estamos acostumbrados a observar todo lo que sucede en el mundo. Las personas sólo son capaces de manejar una determinada cantidad de información”.
“Todavía no hemos aprendido a gestionar todo esto. Se requiere un aprendizaje de nuevas herramientas”, confirma Przybylski. En un poco como si nos hubieran dado un coche deportivo, pero todavía llevamos la letra L. En este sentido, todavía somos novatos.
 
¿Cómo superarlo? Según Trabazo, “para frenar, es útil valorar el tiempo. Han venido a la consulta parejas que después de cenar cada uno cogía el móvil y hablaba con su grupo de amigos. Pues bien, es preciso dosificarse. Y limitar, en la medida de lo posible, el acceso a la red a cosas concretas”. Víctor Puig, socio director de la agencia de estrategia digital Zinkdo, cree que con el tiempo el internauta aprende a autocontrolarse por sí solo. “El usuario medio primero tarda en encontrar utilidad a ese flujo de datos. Luego aprende a localizar esa información y tendrá siempre la sensación de que se pierde cosas, de que no llega a todo. Pero esta fase dura poco: se va priorizando la información, se elige qué ver, a quién contactar y qué le interesa”.
 
En esta misma línea, nota Felipe Romero, los estudios demuestran que “hay cierta saturación y el uso de las redes disminuye”. Y cita, como ejemplo, al éxito del Whatsapp. “Es indicativo de un cierto repliegue. Porque a través de esta red social ya se lleva a cabo una selección de los contactos. De alguna manera, es un universo algo más íntimo”.
“Las redes sociales son un gran invento: usado en su justa medida enriquecerán nuestra vida social, nos llevarán a retomar el contacto con viejos amigos, ampliarán nuestros círculos sociales y nos llevarán a conocer a más personas interesantes”, recuerda Puig. “A nuestro alrededor siempre pasarán cosas que nos perderemos, con o sin redes sociales. Estar siempre disponible, siempre conectado, no es tan interesante como elegir cuándo queremos estar disponibles y para quién”. Andrew Przybylski va incluso más allá. “No es que el FOMO sea algo malo. Es una manera, para alguien de pensar: ¿cuáles son las cosas que más miedo me da perderme? Y esto lleva a la pregunta esencial: ¿qué es lo que realmente quiero?”.
 
Asimismo, como señala Víctor Puig, “una adecuada presencia en internet también nos aportará una cierta visibilidad, lo que nosotros llamamos “reputación on line”, que se traduce a menudo en oportunidades laborales: un nuevo empleo, un ascenso, un nuevo cliente, contactos que nos llevarán más lejos en lo profesional y en lo personal. Por el contrario, una visibilidad exagerada causada por la ansiedad de estar siempre presente suele tener efectos negativos: el que siempre está pero aporta poco, acaba perdiendo ese prestigio”.
 
Así que puede irse a esquiar aunque no haya cobertura. Luego, como en el citadísimo cuento de Augusto Monterroso, más tarde volverá a conectarse a internet y descubrirá, con asombro, que “cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.


 

viernes, 7 de febrero de 2014

LOS NIÑOS BORRAN SUS RECUERDOS DE BEBÉ A PARTIR DE LOS 7 AÑOS

Primera demostración empírica de la aparición de la amnesia infantil

Científicos de Atlanta (EE.UU.) han conseguido la primera demostración empírica de la aparición de la “amnesia infantil”, un proceso por el cual el ser humano borra los recuerdos de su más tierna infancia: de eventos acaecidos antes de cumplir los tres años. Este fenómeno de “olvido” se produce a partir de los siete años.

Aunque los bebés utilizan sus recuerdos para aprender nueva información, pocos adultos pueden recordar eventos de su vida que ocurrieran antes de la edad de tres años. 

Psicólogos de la Universidad de Emory (Atlanta, EE.UU.) han documentado ahora que los siete años es cuando estos primeros recuerdos tienden a desvanecerse en el olvido, un fenómeno conocido como "amnesia infantil". 

La investigación incluyó entrevistas a niños acerca de acontecimientos pasados ​​de su vida, a partir de los tres años. A diferentes subgrupos de estos niños se les consultó posteriormente si recordaban estos eventos a las edades de cinco, seis, siete, ocho y nueve años. 

"Nuestro estudio es la primera demostración empírica de la aparición de la amnesia infantil", afirma la psicóloga de Emory Patricia Bauer, que dirigió el estudio, en la información de la universidad. "De hecho, grabamos la memoria de los niños, y luego los seguimos hacia el futuro, para hacer un seguimiento sobre cuándo se olvidaron de esos recuerdos." 

Estudiar la memoria autobiográfica 

El Laboratorio Bauer de Desarrollo de la Memoria se centra en cómo la memoria autobiográfica, o episódica, cambia a través de la infancia y la edad adulta temprana. 

Los científicos saben desde hace mucho tiempo, basándose en entrevistas con adultos, que los primeros recuerdos de la mayoría de la gente sólo se remontan a alrededor de los 3 años de edad. 

Sigmund Freud acuñó el término "amnesia infantil" para describir esta pérdida de la memoria de los años infantiles. Utilizando su teoría psicoanalítica, Freud hizo la polémica propuesta de que la gente estaba reprimiendo sus memorias más tempranas debido a su naturaleza sexual inapropiada. 

En los últimos años, sin embargo, hay cada vez más pruebas de que, mientras que los bebés utilizan la memoria para aprender la lengua y dar sentido al mundo que les rodea, no tienen todavía la sofisticada arquitectura neuronal necesaria para formar y retener formas más complejas de memoria.

En lugar de basarse en entrevistas con adultos, como habían hecho los estudios anteriores sobre amnesia infantil, los investigadores de Emory querían documentar la formación de la memoria autobiográfica temprana, así como la edad a la que se olvidan estos recuerdos. 


Características del estudio 

El experimento se inició grabando a 83 niños a la edad de tres años, mientras sus madres o padres les preguntaban acerca de seis acontecimientos que los niños habían experimentado en los últimos meses, como un viaje al zoológico o una fiesta de cumpleaños. "Les pedimos a los padres hablar como lo harían normalmente con sus hijos", explica Bauer. 

Ella da un ejemplo hipotético: "La madre preguntaría: "¿Recuerdas cuando fuimos al restaurante para tu fiesta de cumpleaños ? Podría añadir: "Tomaste pizza, ¿verdad?" 

El niño puede comenzar a relatar los detalles de la experiencia en el restaurante o desviar la conversación diciendo algo como, "¡Zoo!" Algunas madres pueden seguir preguntando acerca de la pizza, mientras que otra madre podría decir: "Bueno, fuimos al zoológico, también. Háblame de eso." 

Los padres que se dejaban guiar por el niño en estas conversaciones tendían a suscitar recuerdos más ricos de sus hijos de tres años, apunta Bauer. "Este enfoque también está relacionado con los niños que tienen una mejor memoria del evento a una edad más tardía." 

Después de grabar estos recuerdos básicos, los investigadores hicieron un seguimiento a los niños años después, pidiéndoles que recordaran los acontecimientos que habían relatado a los tres años. Los niños fueron divididos en cinco grupos diferentes , y cada grupo de niños regresó sólo una vez para participar en el experimento, entre las edades de cinco a nueve. 

Resultados 

Mientras que los niños entre las edades de cinco y siete podían recordar entre el 63 y el 72 por ciento de los eventos, los niños que tenían entre ocho y nueve años recordaban sólo alrededor del 35 por ciento. 

"Un hallazgo sorprendente fue que, a pesar de que los de cinco y seis años recordaban un mayor porcentaje de acontecimientos, sus narraciones de estos eventos eran menos completas", destaca Bauer, mientras que "los niños mayores recordaban menos eventos, pero los que recordaban tenía más detalles." 

Algunas de las razones para esta diferencia pueden ser que los recuerdos que se mantienen durante más tiempo pueden tener detalles más ricos asociados con ellos y su cada vez mayor conocimiento del idiomas permite al niño mayor elaborar mejor la memoria, consolidándola aún más en su mente", señala la investigadora. 

Los niños pequeños tienden a olvidar los acontecimientos con mayor rapidez que los adultos porque carecen de los potentes procesos neuronales necesarios para reunir todas las piezas de información que incluye una memoria autobiográfica compleja", explica. 

"Uno tiene que aprender a usar un calendario y comprender los días de la semana y las estaciones del año. Debe saber codificar la información sobre la ubicación física del evento. Y necesita el desarrollo de un sentido del yo, la comprensión de que su perspectiva es diferente de la de otra persona." 

Un colador 

Ella usa una analogía con drenar la pasta en un colador para explicar la diferencia entre los recuerdos de la primera infancia y los de la edad adulta. " Los recuerdos son como orzo; , explica, refiriéndose al tipo de pasta que tiene forma de arroz. 

"Son pequeños trozos y piezas de codificación neural." Los cerebros de los niños pequeños son como coladores con agujeros grandes que tratan de retener estos pequeños pedazos de memoria. "Aunque el agua se filtra por ellos, también lo hacen muchos de los granos de orzo. Los adultos, en cambio, utilizan una fina red en lugar de un colador."

Ahora que Bauer ha documentado la aparición de la amnesia infantil, espera afinar la edad en que las personas adquieren un sistema de memoria adulto, que ella cree que está entre los nueve años y los años de la universidad. "Nos gustaría saber más acerca de cuándo cambiamos nuestros coladores por una red. El periodo entre los 9 y los 18 años es en gran medida una tierra de nadie de nuestro conocimiento sobre cómo se forma la memoria."

Referencias bibliográficas: