jueves, 23 de mayo de 2013

EL BOTELLÓN OBLIGA A TRATAR A JÓVENES ADICTOS POR EL ALCOHOL

La edad de inicio, cada vez más temprana, y el patrón de consumo, en mayor cantidad y graduación alcohólica, provocan dependencia en los adolescentes




Os adjunto un interesante a la par que preocupante artículo, extraído de "Las Provincias.es", acerca de las consecuencias que está causando el consumo de alcohol entre la población adolescente. Sin duda invita a la reflexión.....




Valencia vivió este viernes un macrobotellón legal en la explanada de la antigua estación del Grao. Legal por dos motivos: porque los cerca de 12.000 jóvenes que asistieron pudieron entrar al recinto bebidas alcohólicas siempre que estuvieran en envases de plástico y porque el espacio estaba acotado, no se celebró en la calle. De ahí que algunas voces insistieran en hablar de macrofiesta y no de macrobotellón.
Al margen de la disparidad de denominaciones, el evento fue el espejo de una realidad social que ha ido en aumento durante los últimos cinco años: cada vez son más los jóvenes que consumen alcohol y que practican botellón. Sólo hay que darse una vuelta por los parques y jardines de la ciudad un sábado o domingo por la mañana para confirmarlo.
Sin embargo, ni adolescentes ni universitarios son conscientes de las consecuencias negativas derivadas del consumo de alcohol, ni siquiera de la posibilidad de desarrollar un proceso adictivo. A esto hay que añadir que los jóvenes empiezan cada vez antes el consumo, en mayor cantidad y con bebidas de más graduación.
Este sería el perfil del nuevo adicto al alcohol. «Porque el consumo excesivo y el botellón tienen una consecuencia de salud que no estamos viendo ya que sólo nos centramos en el tema social». Quien así habla es la profesora de Psicología Básica de la Universitat de València, María Teresa Cortés, considerada una de las mayores expertas en botellón y adicciones de la Comunitat. Cuenta, además, con varios estudios sobre esta problemática financiados por el Plan Nacional de Drogas.
«Ya se está viendo a gente de veinte y pocos años en las unidades de conductas adictivas», aseguró. Aquellos que se iniciaron en el alcohol hace unos años, con el botellón de fin de semana, ahora tienen un problema de adicción. Según la profesora Cortés, hay unos condicionantes para llegar a un abuso o una dependencia. Son la edad de inicio y el patrón de consumo y tanto los jóvenes de ahora como los adolescentes de antes los cumplen.
«Se juntan todos los factores de riesgo posibles: la edad, cada vez más temprana; la manera, pues lo hacen más de dos veces al mes; duplican las cantidades de consumo; beben sin comida de por medio y en horas del día en que la metabolización es peor... Así que a nivel de tratamiento también llegan antes a las consultas», detalló.
Las pautas de consumo son similares en estudiantes de secundaria y en universitarios pero el problema radica en que si los adolescentes de entre 13 y 16 años ingieren cantidades de alcohol similares a las de los universitarios, cuando lleguen a los 20 años, las consecuencias para los chavales serán mucho mayores que las que sufran los universitarios.
Según los últimos datos estadísticos, el 69% de los estudiantes de entre 14 y 18 años reconocen la práctica del botellón, mientras que son el 82% de los universitarios de entre 19 y 15 años. Ambos grupos asocian el concepto botellón a beber y la primera copa se toma a los 13 años.
 
Fallos de memoria
Al margen del tratamiento por adicción, que sería una consecuencia a medio plazo, las hay a corto plazo. «Los adolescentes poseen un cerebro plástico, con una gran capacidad de modificar los patrones de conexiones cerebrales, que son esenciales en los procesos de memoria y aprendizaje», comentó la profesora Cortés. El alcohol rompe esas conexiones, lo que conlleva fallos de memoria y, por tanto, traerá problemas escolares.
Según esta experta, «hay chavales que tienen problemas de atención en clase y lagunas de memoria asociadas a los atracones». Así se denominan los llamados «episodios de consumo intensivo de alcohol», es decir, aquellos que se realizan en pocas horas (normalmente entre cuatro y seis), con grados de pérdida de control y que, en cifras, equivale a una ingesta de 40 gramos de alcohol en mujeres y 60 en hombres. O lo que es lo mismo, cuatro copas las chicas y entre cinco o seis los chicos. Por ello, hizo hincapié en que el consumo que se hacía hace unos años, con más presencia de fermentados, «no es el de ahora, en el que predominan los atracones».
Respecto a qué buscan con esta práctica, «los jóvenes esperan obtener efectos socializadores que ellos asocian a consumos de menor cuantía». Es decir, piensan que bebiendo más y en menos tiempo «se sentirán antes mejor». Asocian alcohol a aspectos como estar eufórico o ser más habladores. «No lo asocian con aspectos negativos. Ellos no ven las conductas agresivas o que sean molestas», comentó.
 
Sin crisis
Y la gran mayoría, casi el 80% de los encuestados en varios estudios realizados por la Universitat de València, practican botellón para divertirse, muy lejos del 40% que lo vincula a estar con amigos. Contrariamente a lo que pueda pensarse, las causas económicas no influyen en esta práctica. El bolsillo o la crisis como excusa para hacer botellón sólo preocupa a los universitarios. Incluso los adolescentes confiesan que disponen de más dinero para utilizar en el botellón.
Por ello, la profesora María Teresa Cortés insistió en que el botellón ha de abordarse desde una perspectiva social y de salud y en la que se engloben todos los colectivos: jóvenes, padres, vecinos, profesionales de las drogodependencias, medios de comunicación y administración. Sí, se deben adoptar medidas asociadas a las mediciones de ruido, los controles de alcoholemia, el cumplimiento de los horarios, la presión policial, etcétera. Pero, a su juicio, «no sirven si no hay concienciación social y si los jóvenes no conocen las consecuencias del consumo».
En este sentido, la académica recordó que los adolescentes únicamente perciben que sus botellones generan suciedad y molestias a los vecinos pero «no ven el bajo rendimiento escolar, las malas relaciones personales o la posibilidad de desarrollar una adicción».
Otro frente que hay que superar es el de los padres. En un estudio elaborado en la Comunitat, alrededor de un 65% de ellos señalaron a la administración como la responsable a la hora de generar soluciones al botellón. Además, el 62% asegura que su hijo nunca consume alcohol. «Concienciar a los padres sobre su papel en el desarrollo de los hijos y en los límites que hay que poner a estas conductas», apuntó.
En cuanto a los botellódromos, la profesora de Psicología Básica se mostró en contra ya que resuelve las consecuencias de la parte social pero no las de salud. Además, «se transmite un mensaje contradictorio a los jóvenes. Se les está diciendo que pueden beber en un lugar al tiempo que esta misma conducta se sanciona en otro».
 
Baja en exámenes
En ese perfil del joven consumidor hay otros aspectos significativos. Por ejemplo, que el botellón se suele realizar entre nueve y diez meses al año y que experimenta altibajos. Así, baja en épocas de exámenes y se incrementa en periodos de vacaciones. Además, se realiza con una frecuencia de dos o tres veces por semana. En el caso de los universitarios va de jueves a sábados y en el de los adolescentes, desde el viernes hasta el domingo.
Por eso, los vecinos saben que tras este fin de semana tendrán algo de calma hasta mediados de junio. Son muy pocas las zonas de la ciudad que no tengan identificado algún microbotellón. Porque las grandes concentraciones de hace unos años en la avenida de los Naranjos o en Xúquer ha dado paso a grupos menores de gente por casi todos los barrios. Hace unos meses el Ayuntamiento de Valencia contabilizó hasta 28 en una misma noche.
La Policía Local tiene identificados 12 lugares en la ciudad conflictivos, aunque no todas las semanas. Son clásicos como la plaza del Cedro o la plaza del Carmen y otros más recientes como la plaza España o la Cruz Cubierta, donde los vecinos de las calles cercanas al bulevar sur llevan varias semanas realizando protestas y han colgado pancartas en los balcones. Por ahora, han conseguido el cierre cautelar de dos pubes y una discoteca próxima ha recurrido a la figura del mediador para evitar el botellón.

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