domingo, 28 de septiembre de 2014

CULPA

LA CULPA: LA EMOCIÓN MARGINADA



Resumen:

Existen diferentes modelos de conceptualización de la culpa. Todos ellos tienen en común entender la culpa como una emoción negativa surgida de la trasgresión de normas. En esta entrada se propone presentar una visión alternativa de la culpa, apartándola de su connotación negativa y dándole el peso y la importancia que tiene para la supervivencia de las personas.


Cuando hacemos referencia a la culpa no cabe duda que nos encontramos ante una emoción estigmatizada, cargada de tremenda connotación negativa y de la cual parece que tenemos que huir como si del mismo diablo se tratase.

Ya desde tiempos remotos la culpa ha ido asociada a la realización de actos de arrepentimiento, actos de constricción y a buscar un propósito de enmienda. Por otra parte también ha estado asociada al castigo como forma de restablecimiento de la normalidad.

Centrándonos en los aspectos definitorios de la culpa, podemos decir que aparece ante actos que transgreden las normas morales subjetivas, es decir, aquellos esquemas cognitivos y emocionales que tenemos forjados desde nuestra infancia y que, por lo tanto, están relacionados con nuestras figuras referenciales (padre, madre, abuelos, tíos...)

La culpa es un regulador social y personal que lo que busca es reestablecer el equilibrio en nuestro sistema. De alguna manera es una emoción positiva que busca reparar el daño causado. Se trata de un mecanismo de salud mental que las personas poseemos. De alguna manera me permite identificar que ha habido un acto transgresor, que he cometido un error y que por lo tanto puedo realizar algo para repararlo. 
Es importante diferenciarla de la vergüenza, la cual va relacionada con lo que los demás piensan de mi, estando plenamente relacionada con los mensajes que he recibido en mi infancia por parte de mis figuras de referencia, que me lleva al esquema de "yo soy..." y por consiguiente a esconderme.

Sin embargo, el mensaje que recogemos de nuestro entorno con respecto a la culpa es que es una emoción negativa, mala, de la cual nos tenemos que librar lo antes posible. Parece como si no nos pudiéramos permitir sentirnos culpables ya que eso nos marca, nos hace llevar una especie de etiqueta que nos diferencia de los demás.

Nada más lejos de esto parece encontrarse la realidad. Sentirnos culpables es algo adaptativo de nuestra especie. Es un mecanismo que, hablando de una manera un tanto grotesca, nos permite no convertirnos en auténticos psicópatas, ya que nos da pie al arrepentimiento y por lo tanto al intento por reestablecer la normalidad previa.

Resulta importante ver cuales son los valores a los que asociamos la culpa, de manera que podamos trabajar aquellas emociones bloqueantes para la persona. Para ello es importante poder definir cual ha sido el acto transgresor, de manera que me permita obtener el punto exacto donde se genera la culpa. Así mismo me puede permitir ver cual ha sido la norma transgredida, relacionada con la norma introyectada de nuestra infancia y poder llegar a decidir de una manera objetiva si estamos de acuerdo con ella o no.

A partir de todo esto podemos buscar las figuras morales de referencia relacionadas con la culpa y ver aquellos mensajes que transmitían. A pesar de que la culpa pueda aparecer a partir de observadores externos o a través de aquellos perjudicados, que realmente solo funcionan como catalizadores, el origen de la misma se encuentra en aquella persona/as que han resultado ser mis dadores de normas, ante los que experimento cierta ambivalencia.

A nivel simbólico, podemos destacar 2 paradigmas asociados a la culpa:

CULPA JURÍDICA
CULPA RELIGIOSA
No exige conocer la norma
Exige conocer la norma
No es importante que exista arrepentimiento
Es necesario el arrepentimiento
Se impone un castigo para restablecer
Existe un acto de constricción (perdón)

Existe un propósito de enmienda

No se impone un castigo

En función de donde se sitúe la persona en torno a la culpa que siente la intervención tomará un camino u otro.

Cómo finalización, lanzar la idea de que las personas tenemos derecho a sentirnos culpables ante acontecimientos que probablemente desbordan nuestras capacidades de afrontamiento. Que el sentir esa culpa es algo que puede perdurar en el tiempo y que debemos permitirlo, ya que forma parte del proceso de reestructuración de la persona (siempre con sus excepciones que no vamos a abordar en esta entrada). Es importante des estigmatizar esta emoción y proporcionarle la normalidad que requiere asociada a la función que realiza.


Referencias bibliográficas:

Pérez Sales P. (2006) Trauma, culpa y duelo. Hacia una psicoterapia integradora

Pérez Sales P. (2003) Emociones positivas, trauma y resistencia. Ansiedad y estrés. 9(2-3), 231-254

Alejandro Puigdoménech
Director y Psicólogo de Psicoapoyo
CV09368
www.psicoapoyo.es

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