domingo, 26 de octubre de 2014

NUESTROS GRITOS PRIMALES

Cada persona, en su interior, sigue llevando a su niño/a el cual le reclama aquello que no le fue dado en su momento. Muchas veces obviamos estos detalles y nos enfrascamos en patologías, algunas de ellas sin sentido, pero que realmente nos lo ofrecen de una manera racional una explicación a lo que nos sucede. Quizás tengamos que aprender a escucharnos más para aprender que nos decimos constantemente.




Lidia, 26 años, acude a consulta por un problema de fagofobia. Entra nerviosa, intranquila. Comienza a explicarme su motivo de consulta (que ya conocía por teléfono) cuando se detiene diciendo que le cuesta seguir, comenzando a llorar y musitando que emocionalmente no está bien.

Fernando, 30 años, acude a consulta preocupado por la muerte. Conforme avanza en su relato deja entrever una sobreprotección paterna/materna.

Alberto, 20 años, acude a consulta presentando estado de ánimo bajo y aparentes dificultades en las relaciones sociales. Acude acompañado de su madre, la cual me deja ver, sin ser consciente, que existe algo más de fondo.

A priori, cuando estas personas acuden a consulta presentan un problema tipificado, establecido, concreto, por la comunidad científica y por las herramientas que pone a nuestra disposición (p.e. DSM IV TR o CIE 10). Pero realmente es así en todos los casos??

Avanzando en las sesiones comienzo a ver que hay algo más en todos estos problemas, que "simplemente" pensamientos-emociones-conductas. Investigando más a fondo comienzan a aparecer, de una forma sutil, pinceladas de una infancia incompleta, donde aparecen las figuras de referencias (papá y mamá), y donde da la sensación de que faltan piezas para completar el puzzle.

Recuerdo a Lorena, la cual vino por estar viviendo lo que científicamente se conoce como amaxofobia. Tras unas sesiones, de repente, un día sin saber muy bien porque, apareció de nuevo su hermano (del cual ya habíamos hablado y que había fallecido hace muchos años atrás de cáncer, siendo Lorena joven). Esta vez emergió de otra manera, reproduciendo en Lorena un dolor profundo. Tras analizar y profundizar en este aspecto, con su permiso, llegamos al fondo de que todavía no había superado su muerte y de que esa jovencita tenía aspectos pendientes que estaban sin cubrir. En ese momento te planteas la relación entre el motivo de consulta y la realidad de fondo, y llegas a la conclusión de que todo está conectado.



Las personas nombradas al principio, venían más o menos creyentes de sus "problemas" exactos, establecidos, concretos. Pero poco a poco se fueron dando cuenta de una realidad, a veces bastante dolorosa, de que lo que escondían era un vacío en su historia personal, una pieza de ese puzzle que faltaba y que daba lugar a diferentes manifestaciones. Ese darse cuenta ya suponía un paso de gigante en su proceso terapéutico.

Salvando las excepciones, que las hay, y los distintos puntos de vista de ver y sentir la psicología, y resumiendo en función de mi experiencia, nuestras experiencias vitales, sobre todo aquellas referidas a nuestras figuras de referencia (las cuales, ya desde nuestro nacimiento, nos proporcionan en primer lugar nuestros "esquemas" emocionales y posteriormente nuestros "esquemas cognitivos") vamos arrastrando, como si de una losa se tratara, aquella carencias referidas a nuestras necesidades principales, las cuales "tapamos" como buenamente podemos con defensas, con pensamientos desadaptativos, con dolores físicos, con formas de sentir y de actuar, etc, que nos permiten vivir nuestro día a día pero que llegado el momento afloran para recordarnos que hay algo pendiente que finalizar.

Este escrito solo pretende plasmar las vivencias personales que encuentro con mis pacientes. En ningún momento pretendo establecer una idea fija de ver y entender los problemas psicológicos, además de que se trata de un resumen al cual le falta mucha, pero que mucha información técnica. Pero a pesar de todo eso, y siguiendo mi intuición (tal y como marca Berne: Psychiatric Quarterly, 36: 294-300, 1962), cada día soy capaz de sentir y de aprender de las experiencias vitales de cada persona que me visita, y de las cuales yo también aprendo y crezco personalmente.

Alejandro Puigdoménech 
Director y Psicólogo de Psicoapoyo
www.psicoapoyo.es


2 comentarios:

  1. Y ¡cuán preciso y sano es escuchar esos gritos primales para entendernos y para sanarnos!
    Es posible nos dé miedo, nos provoque tremor, pero esos gritos nos dicen mucho sobre nuestro caminar.
    Le felicito por tan afortunada conclusión y por tan estupenda aclaración.
    Abrazos.

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  2. No cabe duda que nuestro interior es sabio, hasta tal punto que nos dice constantemente aquello que precisa ser escuchado. El problema es el "miedo" que nos genera. Dando lugar a otro tipo de manifestaciones, físicas y psicológicas. Si poco a poco aprendemos a escucharnos, a nuestra emociones, a aquello que se "mueve" en nuestro interior seguramente obtendremos información importante de nuestro proceso.

    Nuestras emociones y "movimientos" internos son "aliados" nuestros, nos tratan de informar de algo que debe ser atendido. No tengamos miedo y aprendamos a escucharnos, quizás aprendamos algo importante.

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