domingo, 28 de diciembre de 2014

COMO MI NIÑO INTERNO SABOTEA MI VIDA

A lo largo de nuestra infancia, sobre todo, se producen una serie de traumas resultantes del abandono, de abusos de todo tipo, de la negligencia de atender las necesidades de que depende el  desarrollo infantil y de la confusión creada por un sistema familiar disfuncional.

Existen una serie de necesidades normales de que depende el desarrollo de la infancia. Si estas necesidades no se satisfacen, tendemos a desarrollarnos como adultos con un niño herido interno. Si nuestras necesidades hubiesen sido cubiertas, no nos habríamos convertido en “niños adultos.



Cualquier etapa del desarrollo de nuestro niño maravilloso se puede detener. Como adultos, podemos actuar de forma infantil, podemos regresar al comportamiento de un niño que empieza a andar, seguir creyendo en la magia como un niño de preescolar, poner mala cara y marcharnos como un niño de primaria.

Todos nuestros comportamientos infantiles representan los diferentes niveles en que se ha detenido el desarrollo de la infancia. Por todo ello, el principal propósito es ayudar a nuestro niño interno herido en cada etapa de su desarrollo.




Existen diversas formas en las que nuestro niño contamina nuestras vidas:

  • ·   Codependencia: pérdida de identidad. Haber perdido el contacto con nuestros sentimientos, deseos y necesidades. Es necesario la presencia de seguridad y buenos modelos emocionales en la infancia para poder entender nuestras propias señales internas, para poder separar nuestros pensamientos de nuestros sentimiento, etc. Sin una vida interior sana, uno tiene que intentar buscar la satisfacción en el exterior (codependencia).
  • ·        Ofensas: El comportamiento ofensivo es el resultado de una infancia violenta y del sufrimiento y el dolor por ese maltrato que no hemos superado. El que una vez fuera el niño indefenso y herido se convierte en el adulto agresor.
  • ·   Narcisismo: necesidad como niños de recibir amor incondicional. Saber que importamos, que se nos toma en serio, que se nos acepta y se nos ama por cada una de nuestras facetas. Si esto no ha sido satisfecho adecuadamente nuestro sentido del YO se queda dañado. Aparece entonces el anhelo de amor, de atención y de afecto. En el adulto aparece: la decepción en las relaciones, la búsqueda del amor perfecto, las adicciones (sexo, amor, comida, sustancias….), la búsqueda de bienes materiales para sentirse bien, la búsqueda de reconocimiento a través de profesiones artísticas, el uso de los propios hijos para satisfacer esta necesidad.
  • ·    Confianza: Si nuestros padres no han sido merecedores de confianza, entonces nosotros como niños desarrollaremos una profunda sensación de desconfianza. El mundo aparece entonces como hostil, peligroso e impredecible. Aparece entonces la necesidad de control (adicción).
  • ·         Exteriorización: La energía emocional relacionada con nuestra angustia o trauma se ve congelada. Al no poder solucionarse ni expresarse, trata de resolverse por sí misma, y como no puede hacerlo por medio de las lamentaciones se expresa mediante comportamientos anormales
  • ·     Interiorización: Se refiere a exteriorizar sobre nosotros mismos el abuso del que fuimos objeto en el pasado. Nos castigamos del mismo modo en que fuimos castigados en la infancia. Además la energía que se interioriza puede llegar a causar serios problemas físicos (problemas gastrointestinales, dolores de cabeza, dolores de cuello, dolores de espalda, tensión muscular, artritis, ataques al corazón, cáncer…)
  • ·    Magia: La idea de creer que ciertas palabras, gestos o comportamientos pueden cambiar la realidad. Esto es reforzado por nuestros padres cuando somos niños (si nos dicen que nuestro comportamiento es el responsable directo de los sentimientos de alguien, por ejemplo). Pueden aparecer ideas cuando somos adultos como: Si tengo dinero todo irá bien, Si me abandona mi pareja me moriré, Poseer un título me da más categoría, Si soy bueno no me pasarán cosas malas, Esperar me traerá buenos resultados….
  • ·   Intimidad: Oscilación entre miedo al abandono y miedo a que se anule la personalidad.  Esto se da por la no aceptación por parte de nuestros padres en aceptar nuestros sentimientos, necesidades y deseos cuando somos niños, por lo que se rechaza nuestro verdadero YO. Esto conlleva a establecer un YO falso (como una especie de máscara) y a no saber establecer barreras firmes en cuanto al sexo, a nuestras emociones, sentimientos, nosotros mismos, a nuestra espiritualidad….
  • ·   No disciplina: Si se disciplina al niño se le enseña cómo vivir de forma más provechosa y afectiva. Para ello es preciso recibir ejemplo de nuestros padres. Realmente como niños aprendemos lo que “de verdad” hacen nuestros padres, no lo que “dicen” que hacen. Si nuestros padres fracasan en su modelo de disciplina, nos volvemos indisciplinados, pero cuando nos imponen una disciplina férrea nos volvemos excesivamente disciplinados.
  • ·     Adicción/compulsión: el abandono emocional que podemos haber sufrido cuando hemos sido niños por parte de nuestros padres puede significar la muerte, de modo que para convertir las dos necesidades básicas para nuestra supervivencia (mis padres son buenos y yo importo) me convierto en aquello que preciso llevando a cabo toda una serie de comportamientos desadaptativos. El motivo de todo esto es para paliar la aparición de un sentimientos: La vergüenza (soy menos valioso que el tiempo de mis padres). Necesito sentirme valioso, Necesito sentirme alguien.
  • ·      Distorsiones del pensamiento: Aparición de pensamientos del tipo “todo o nada”, aparición de “razonamiento emocional”, “pensamiento egocéntrico”. Cuando de niños no se satisfacen nuestras necesidades, de adultos estaremos contaminados por la forma de pensar del niño.
  • ·     Apatía/depresión: Nuestro niño herido contamina nuestra vida de adulto con una enorme sensación de vacío. Esto se produce por haber adoptado un falso yo. Por ello se pierden los verdaderos sentimientos, necesidades y deseos.


A partir de todo esto existe una manera de poder trabajar el daño causado. La recuperación de nuestro niño interno implica volver a atravesar tus etapas  de desarrollo y terminar los problemas que no se habían solucionado.

El primer paso y quizás el más importante es ayudar a que nuestro niño herido lamente que no se hayan satisfecho las necesidades de que dependía su desarrollo, es decir, que tome conciencia de ello y que sea capaz de expresar las emociones que necesita expresar. Así mismo tomar contacto con las emociones reprimidas, que probablemente se comunican a través del cuerpo (opresión pecho, molestia estómago, nudo garganta…) también puede ser un pequeño gran paso.

Otro paso importante es la apertura, es decir, abrirme a alguien en quien poder confiar y con quien poder comenzar a hablar de aquello que preciso.

Tras la apertura la aceptación del abuso sufrido durante nuestra infancia será el paso siguiente. Dejar de minimizar, racionalizar las formas en que fuimos avergonzados, ignorados, utilizados por nuestros padres. Aceptar que eso nos hizo daño.

Posteriormente a esto debemos gestionar la aparición del duelo por la toma de contacto con esta realidad. Pueden aparecer la rabia, el dolor, la tristeza, el remordimiento…. Todo esto es normal y bueno que aparezca ya que te hará proseguir en tu camino del crecimiento y la recuperación de tu niño herido.

Puedes atender al alcance de esto, observar tus rutinas diarias e imaginar cómo sería tu vida con este niño de 3 años al timón.

Los niños adultos sienten una necesidad enorme de comprender las cosas porque sus padres eran a su vez niños adultos y, por lo tanto impredecibles. A veces hacían su labor como padres adultos pero otras lo hacían como niños heridos y egoístas. El resultado era la confusión y el imprevisto. Esta imprevisión provoca nuestra continua necesidad de entender las cosas, de buscar porqués.

Vivir con la mente también es una defensa del ego. Si nos obsesionamos con las cosas no tenemos que sentir, y no sentir nada obstruye el depósito de sentimientos congelados que están apelmazados por la vergüenza de nuestro niño herido.

Recuperarse del abandono, de la negligencia o del abuso que hayamos podido sufrir en nuestra infancia en un proceso, no un acontecimiento.


Alejandro Puigdoménech
Director y Psicólogo Psicoapoyo
www.psicoapoyo.es

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