lunes, 13 de abril de 2015

DEPRESIÓN

Cuando hacemos referencia al término depresión podernos estar hablando del inicio de un viaje por las desoladas y dolorosas tierras del alma humana, donde la luz y la vida nueva pueden surgir.




Siguiendo datos de la OMS, afecta, al menos, al 20% de mujeres y al 12% de hombres alguna vez a lo largo de sus vida.

Tradicionalmente, la depresión es categorizada etimológicamente en términos de: somatogénesis (patología orgánica, mental o de otro modo conocido), psicogénesis (como consecuencia de sucesos traumáticos o conflictos neuróticos) o endogénesis (como desarreglo bioquímico).

Desde un punto de vista más pragmático, la depresión la podemos clasificar en función de las distintas experiencias depresivas por las que atravesamos:

  • Duelo (asimilación de la pérdida)
  • Experiencia depresiva (por influencias externas)
  • Experiencia melancólica
  • Experiencia depresiva asociada a la personalidad
  • Experiencia depresiva derivada de causas orgánicas

La experiencia depresiva de cada persona es única, siendo una parte inseparable de la historia singular de la vida de una persona. Es un fenómenos de naturaleza interpersonal, ya que, de alguna manera, aparece en las relaciones y allí se mantiene.

Puede servir de ayuda como forma de sobrevivir a una situación difícil (experiencia depresiva), puede ser una señal de transición en la vida (experiencia melancólica) o puede ser una oportunidad para enfocar la búsqueda de sentido de nuestra existencia, entre otras....

La experiencia depresiva, en ocasiones, es como un hoyo donde nos hemos metido y donde la ayuda terapéutica nos puede servir para salir. Al caso viene la metáfora del hoyo (ACT):



"Imagina que estás en el campo, que llevas un antifaz puesto y tienes una pequeña bolsa con herramientas. Te dicen que tu tarea consiste en correr alrededor del campo con el antifaz puesto. Se supone que es así como debes vivir tu vida. Así que haces lo que te han dicho. Pero, sin que lo sepas, en ese campo hay números hoyos, muy profundos. No lo sabes, eres ingenuo. Así que empiezas a correr y tarde o temprano caes en un hoyo. No hay forma de escalar ni encuentras ninguna vía de escape. Lo más probable es que en una situación como esa cojas la bolsa de herramientas, tal vez encuentres algo que te sirva para salir del hoyo. Supón que la única herramienta en la bolsa sea una pala. Empiezas a cavar pero pronto te das cuenta de que sigues en el hoyo. Cavar más y más rápido. Pero sigues en el hoyo. Lo intentas a grandes paladas y a pequeñas, poniendo la tierra cerca o lejos. Pero sigues en el hoyo. Tanto esfuerzo y tanto trabajo y paradójicamente el hoyo es cada vez más grande. ¿No es eso lo que sientes? Así que preguntas a un psicólogo, tal vez tenga una pala gigante. Pero no. Y es más, aunque la tuviera, tal vez no la usara porque cavar no te sacará del hoyo., eso solo te hundiría aún más"

Para salir de esta experiencia depresiva donde nos hemos metido (el hoyo), en ocasiones se necesitan pequeños movimientos lentos que busquen pequeños puntos de apoyo que son los que realmente van a ayudar a salir.


1 comentario:

  1. Puedo asegurar en primera persona, que si por parte del que se encuentra en ese hoyo, no hace ningún movimiento, no habrá ninguna luz y, por ende, no habrá necesidad de movimiento.
    ¿Qué cuesta? Más de lo que alguien pueda suponer; pero creo, por experiencia propia, que vale la pena intentarlo y experimentar que hay otra forma de vida que no la oscuridad.
    Un abrazo.

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